LOS COLORES DE MI CIELO

LOS COLORES DE MI CIELO
EXPOSICION RETROSPECTIVA "LOS COLORES DE MI CIELO" MARTES 05 DICIEMBRE 2017 7PM - PRESENTACION DE POEMARIO TEATRALIZACION DEL COSMOS. 8PM - INAUGURACION LUGAR: GALERIA CAMPUS CHACARILLA AV PRIMAVERA 970 - SURCO

Meditaciones de Madrugada

Meditaciones de Madrugada
“MEDITACIONES DE MADRUGADA” El viajar por América Latina nos enseña que tenemos iguales problemas económicos, que vivimos influenciados por la religión católica, y que soñamos... Racialmente, en cada país ha habido una población indígena, que con la llegada de españoles se convirtió en mestiza, a todo ello se fue incrementado los europeos que llegaron a estas tierras huyendo de las tiranías, la hambruna, las pestes, y otras plagas socioeconómicas y religiosas. La situación económica se agrava al mantenerse reglas de privilegio que favorecen a los blanquitos y priva a los mestizos, sin duda el problema racial no es ajeno a ninguno de nuestros países, es una herencia traída por los españoles desde el viejo continente, hay castas que mantienen costumbres arraigadas, dejando en extrema pobreza a quienes son descendientes directos de los antiguos y naturales pobladores de estas tierras. La economía se ha globalizado, y capitales extranjeros juegan en la Bolsa de Valores, indistintamente de quien explota, quien vende, quien arriesga, o quien dilapida la riqueza nacional. Haz click en la imagen y adquiere mis escritos. Gracias https://www.amazon.es/Meditaciones-Madrugada-Enrique-Bustamante/dp/1304234142/ref=sr_1_9?s=books&ie=UTF8&qid=1457795354&sr=1-9&keywords=enrique+bustamante

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domingo, 1 de junio de 2008

ERA UN ELEFANTE SOLITARIO...



El elefante estaba allí pasmado, incómodo, observando cada uno de mis movimientos. Me sorprendía su color verde, sus dientes grises y un hermoso lazo rojo colgado de su cuellote. Se veía precioso confundido entre plantas y árboles de colores. Estaba allí, mirándome como otras veces triste, depresivo a punto de fallecer. Pronto las cargadas nubes empezaron a caer. Eran lágrimas gruesas, interminable llanto de gotas grandes y saladas. Mojado, agitado por correr para protegerme de la bonanza acuática, me fijé en los árboles cuyas hojas lavadas por la lluvia parecían salir radiantes de un refrescante baño de feriado caribeño.
Eran tonos diferentes hacia los azules verdosos y para el otro lado, los amarillo ocres. Qué bella armonía de tonalidades. Qué hermoso compartir con los niños tan espléndida visión. Se repetiría otra vez la danza circense y alegre que me proporcionaba un fastuoso marco de satisfacción personal. Podía irme y dejarlo allí, pobre elefante solitario, aislado y simpático, pero enjaulado. Pensé que no sería justo y me atreví, le hablé. Sorpresa inmediata la mía cuando escuché que hablaba también el mismo idioma que yo. El elefante hablaba y describía con detalle las peripecias de su vida en un circo. Maltratado, agredido, obligado a dar hasta lo último de su energía en cada función, soportó años este sufrimiento por la alegría que su presencia dibujaba en el rostro de los niños. Había renunciado a una agradable compañía, a tener sus propios hijos, a ser exhibido para ser molestado, todo dejado atrás por contentar a los niños. Traté de sentirme por un momento él y estar dentro de sus pensamientos para entender sus sinsabores. Hablamos por primera vez, como si el tiempo detenido en un mundo sin nombre, albergara las fantasías más elocuentes de su lenguaje añorando lo que fue. Me contó cómo en su familia los colmillos que distinguimos en su cabeza, son en realidad incisivos que siguen creciendo a través de los años. Son su defensa, para enfrentar al permanente enemigo que es el hombre-cazador. En la entrada de su boca no tiene otros dientes, pero dentro de ella posee unas muelas fuertes que trituran los alimentos. Sus orejas también son enormes y parecen abanicos. Y su trompa lo es más, gracias a ella puede beber agua, coger sus alimentos del suelo o de los árboles. Me dijo también que cuando pisan no dejan crecer las plantas, pues sus pies son grandes almohadillas encerradas en grueso pliego de piel de los que sobresalen unas uñas anchas y lisas. Durante siglos, su vida ha tenido giros no contados a otros animales.(Entre sollozos... su cuerpo se deslizó pesadamente sobre el suelo y lágrimas aparecieron en sus ojos pequeños, tristes, alterados mientras los recuerdos afloraban.)
- Vivíamos en manadas de veinte a cincuenta elefantes, hasta que fuimos en la India empleados para llevar en las procesiones a los príncipes engalanados con telas y piedras preciosas. Siempre fuimos obedientes y dóciles hasta que nos convirtieron en bestias de carga. Aún recordamos el maltrato que recibimos de muchos malos hombres, y muy caro lo pagaron entonces.-
Me dijo y añadió:
- Fuimos dóciles para los romanos y cartagineses, pero nos usaron para servicios en guerra. Muchos entregamos injustamente nuestra vida, y no se nos reconoció como “héroes”, aún cuando pasamos muchas horas calurosas de días mientras el sol cegaba nuestros ojos y de noches donde la arena del desierto rudamente castigaban nuestro cuerpo y llenaba molestosamente nuestros oídos.-
Para entonces su pesado cuerpo permanecía estático, la mirada extraordinariamente contentada en el vacío, como si recordar fuese un esfuerzo no habitual, pero por alguna razón me lo contaba y continuó:
- Alguna vez disfrutamos en un charco hundiendo nuestras patas y jugando con nuestras crías, buscando la forma de llevarnos bien con los hombres, pero a muchos les llegó el sacrificio con el cansancio y el peso de los años. No faltaron los tigres, nuestro peor enemigo, que atacaron a los más jóvenes de la manada.-
Su queja fue convirtiéndose en somática. Sus movimientos, mientras me hablaba, añadían visuales gesticulaciones de dolor de cabeza, de espalda, dolores abdominales que como un anciano humano presentaba con riesgo de su propia salud.
Fui entendiendo que el encierro, la mala alimentación, el excesivo trabajo y la poca estima lo estaban convirtiendo en un frecuente y temeroso enfermo sumado a la súbita soledad de contarnos sus vivencias y sus recuerdos. Continuó:
- Cuando fuimos pacíficos, el hombre fue cruel, cuando fuimos dóciles los tigres nos atacaron.-
Decía el elefante con voz enmascarada:
- ¿Me pregunto si existe otro animal que haya servido y sirva aún para tantas cosas útiles y se le maltrate durante siglos injustos y cruelmente?-
Dijo mientras y suponiendo que debería animar su relato, yo extasiado, pensativo, buscando en mi mente el recuerdo histórico de cada animal le dije:
- Cada cual tiene las virtudes que la naturaleza le ha obsequiado. La serpiente se mimetiza gracias a su piel en el medio donde vive-
Y levantando la trompa sorprendido me miró fijamente como queriendo extraer más datos, y continué:
- Las aves emprenden viaje cuando les apetece y se trasladan a los lugares más remotos; el caballo puede recorrer llanuras y montañas y mantener la figura de su estirpe; el mono y su clan tienen el privilegio de acercarse intelectualmente al hombre; las ballenas son mamíferos gigantes que poseen su trono en el reino del océano; el perro es considerado fiel amigo del hombre y vive en su casa disfrutando de iguales comodidades y mucho afecto; el gato se pasea sigilosamente por las habitaciones y salta de un sofá a la mesa en permanente juego... (y el relato continuó con más y más animales.)
- ¿ será... (preguntó de nuevo el elefante) que por nuestro volumen, y el no poder permanecer en vuestra casa, se nos debe guardar en jaulas, con barrotes, aislado de nuestra familia?-
Y fui entendiendo poco a poco de sus preguntas y su razonamiento, que había en él una desazón originada por su vida pasada y su vida actual.
- Pobre elefante- dije- qué hacer para mantener su ánimo, refrescar su cuerpo, elogiar sus cualidades, apaciguar sus iras, contentar sus sueños.-
Fue cuando pude recordar la escuela pobre de un pueblo cercano llamado Antioquia en la zona andina de la Cuenca Media del Rìo Lurìn. Esos pueblos bellos donde se funden en sabia belleza un rìo, el valle y las casas blancas llenas de colores que la fantasìa de un artista pintor las ha cubierto. Pueblos andinos, casi olvidados donde llegan los políticos para prometer todo en su campaña con el fin de ser elegidos y de los que luego jamás se acuerdan. Entonces, pude comprender que la felicidad es un bien tan remoto para los hombres racionales y pensantes, y más lejano aún para los animales como el elefante, ( que padece por la ausencia de valores en una sociedad que castiga todo, hasta al propio hombre.)
Era una mañana colorida, un sol radiante abrazaba con sus rayos las sombras perdidas de los niños pobres de esta escuela, como ellos, también pobre. Pensé entonces y entré a la escuela: saludé al profesor y le pedí que me ayudara a realizar una noble misión que me había motivado este triste elefante, que los niños me acompañaran hasta el lugar donde se encontraba...Caminábamos por una senda estrecha durante horas, por un camino serpenteante que parecía llegar al infinito, allí donde los arco iris danzan alrededor de los colores mientras tiñen sus cuerpos bidimensionales de los que más les gusta.
Los niños recogieron flores, sacaron sus instrumentos y continuaron tras de mí por el camino. Con el trinar de las aves, personas adultas se acercaban a preguntar hacia dónde nos dirigíamos y se sumaban al grupo con melodías y màs flores.
A mediodía y después de las doce al fin llegamos. Enorme fue la alegría que envolvía con un velo de entusiasmo al elefante, quería bailar porque su vida era eso junto a los niños, una danza permanente, florida, rítmica.
Sonaban las trompetas, tambores, guitarra y cajones, mientras los pétalos de flores adornaban el gran espacio que ocupaba nuestro amigo. Una ronda fue cerrando su espacio, y tomados de la mano entonaron una hermosa canción:



“Aquí, hermano elefantito
alegres caminantes
venimos de nuestro pueblito
con música y gestos galantes.

Para el frío del invierno
te regalamos un ponchito
bailemos el ritmo eterno
esta tarde solo un ratito.
Aquí, hermano elefantito... ”
Continuó el coro y la comunidad toda aplaudía y cerca de allí, mulas y caballos, yeguas y carneros, llamas y vicuñas, gallinas y polluelos bailaron y bailaron hasta muy entrada la noche... y bailaron y bailaron y rieron hasta que el elefante aprendió a ser feliz.

Terminamos la misión ya entrada la tarde, cuando el frío comenzó a calar nuestros huesos y el abrigo era obligado. La noche llegó al pueblo, barrio chiquito de escasas manzanas, una iglesia, una escuela, un municipio, cincuenta casas y una bonita y colorida plaza. Después vino el sueño y las puertas se cerraron....el silencio paseò por la fría noche, mientras las aves descansaban en los rincones màs inverosímiles y en acurrucos maternales ejemplares.
A la mañana siguiente y todas las mañanas que siguieron, vi un niño jugando con el elefante, dándole comida, riendo con él, mientras sus tiernas manos se deslizaban sobre su piel dura y gruesa.
Pasaron los días, las semanas, los meses y... dos años, y cuando después de este tiempo regresé a visitarlo, lo encontré sumamente feliz, había formado su familia, tenía un hijo, un pequeño elefante, jugaba con él y muchos niños jugaban con los tres.
Ya no eran sólo los niños de esa escuela que un día llevé, eran muchos niños, de todas las edades y de todos los pueblos cercanos que habían tomado al elefante como parte de su familia.
Es que los niños entienden muchas cosas que nosotros los adultos no entendemos y brindan con sus juegos, su ternura, sus voces afectuosas y su inocencia natural la maravillosa sabiduría gracias a la cual los animales y los hombres debemos vivir en la tierra ayudándonos, respetàndonos, soñando que la alegría es una estación permanente, una sonrisa estable, una juventud estacionaria en la armonìa del curso de nuestras vidas...

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