Buscar este blog

CONTADOR DE VISITAS

contador de visitas

MUSICA

radplayer('color1', '#000000'); radplayer('color2', '#ffffff');
radplayer('color1', '#000000'); radplayer('color2', '#ffffff');

MI TALLER

MI TALLER

MI BLOG...

Mi blog es como un retazo de mi piel que quiere llegar a ti y a los tuyos.
Que sepas lo que íntimamente vivo en lo apartado de la gran ciudad.
Lo que me mueve en mi parte sensible como a todo ser humano.
Conoce mi manera de ver, sentir y pensar.

Visítalo cada cierto tiempo, léelo, disfrútalo, escribe tus opiniones,
sugiere secciones y reenvíalo a todos tus amigos y familiares.


Ayúdame a saber que tiene sentido lo que escribo…todo depende de ti…y de los tuyos.

Muchas gracias.


FACEBOOK EB

FACEBOOK EB
VISITA EL FACEBOOK DEL ARTISTA. CONOCELO, HAZ CLICK EN IMAGEN.

BLOG ANTIOQUIA UN PUEBLO PARA EL TURISMO

BLOG ANTIOQUIA UN PUEBLO PARA EL TURISMO
CONOCE "EL RETABLO MAS GRANDE DEL MUNDO" ( RECORD GUINESS). HAZ CLICK EN LA IMAGEN

BLOG EBARTSHOP

BLOG EBARTSHOP
SI QUIERES ADQUIRIR UNA OBRA DEL ARTISTA CONÓCELAS AQUI, HAZ CLICK EN LA IMAGEN.

BLOG TODO BATIK

BLOG TODO BATIK
Visita e informate de las técnicas del batik. HAZ CLICK EN LA IMAGEN.

sábado, 7 de enero de 2012



LA MODA VERANO 2012
(EB- 4 enero 2012)




Desde el comienzo de la humanidad siempre ha habido un interés por la vestimenta. Lejano está el tiempo donde la moda lo marcó el corte de cabello, el engominado, las trenzas y hoy el rapado. Algunos encontraron en su acicalamiento personal la manera de atraer al sexo opuesto. El misterio de lo exterior, desató siempre la pasión por saber qué cuerpo guarda el interior de las vestimentas. Otros insaciables ante el arreglo personal recurrieron a pintarse ojos, boca y rostro, y por qué no atravesarse objetos, espinas, huesos para ser cada vez más exquisito ante el observador. Hoy los piercing, expansores, los tatuajes, el rapado del cabello, teñido multicolor de los mismos, hacen la atracción y la custodia a la vez de la belleza personal que cada uno quiere envolver en su cuerpo. Es una moda, del atuendo masculino y femenino del siglo. Otras modas llegarán con los años, y estaremos acostumbrados o nos desacostumbremos para siempre.


En otra orilla del tratamiento de la belleza personal, los diseñadores de moda no terminan de ponerse de acuerdo en lo que se debe y no se debe usar en el Verano 2012.Señal de que algo anda mal, sin duda, lo que obliga a que cada cual vista como mejor le parece. Algún día nos reuniremos con ellos, y llegaremos a la conclusión que no sólo es suficiente llamarse “diseñadores”, sino que hay que ser artista para crear, tener talento y conocer el proceso de una tela desde su origen como fibra, el sistema de tejido, la caída, el peso por metro, y cuáles son apropiadas de acuerdo al clima, lugar, persona, la edad, el peso muscular, la estatura, etc.


Las grandes casas de moda y los diseñadores más conocidos a nivel mundial son tantos como las ideas personales, individuales que ellos lanzan…no sabemos si todos alcanzan el éxito esperado, el consumo de su producto, y si un cliente de hoy volverá a comprar lo de la próxima colección: Donatella Versace,Anatómika fashion, Cerruti, Rick Owers, Ekjo Corean, John Galliani, Louis Vuitton, Giorgio Armani, Yves Saint Laurent, Gucci, Dolce & Gabbana, Ermenegildo Zegna, Oscar de la Renta,Carolina Herrera, Calvin Klein, Coco Chanel, Agatha Ruiz de la Prada… por citar algunos de los muchos que hay en las revistas de moda y en los escaparates de las grandes metrópolis.


Asumo que no se ponen de acuerdo, pues para las damas las tendencias van desde telas tipo jersey que incluye vestidos, pantalones, zapatos y hasta pulseras estampados con fresas y mariposas. También escotes asimétricos, vestidos cortos de una sola pieza, encima de las rodillas, con cabellos largos, sombreros y bolsos de colores encendidos. Otro “diseñador” propone vestidos tipo túnica romana, ligeramente ceñidos con abertura a mitad del muslo, color entero y una especie de capa haciendo juego. Tipo sobretodo o corta lluvia amplio y de colores fuertes. Blusas con hombros desnudos, escotes sugeridos, colores suaves que hacen juego con pantalón suelto…Si usted entendió algo, la felicito.


Para los caballeros, sugieren pantalones sueltos, cuello Nerú, uso de colores blanco, negro y azul oscuro. Botones muy grandes en sacos, braguetas y otros de color blanco. Sacos de solapas angostas, vestimenta tipo boy scout de colores cálidos, gorros y polos tejidos del mismo color y de punto grueso; remeras en damero, sombreros chinescos, calcetines con portaligas; tenidas en color beige que incluyen gabán con cinturón ancho, grueso y ajustado. Otro diseñador sugiere pantalones cortos con doblez tipo basta; por allí recomiendan motivos geométricos en color vino y oro, zapatos tejidos tipo chino; finalmente hay quien manda camisa manga corta con cuello y la pechera elaborada con bordado que alcanza el cuello.


Como ven pues queridos lectores: “No se puede estar a la moda nunca, sino contentamos consumiendo la ropa que cada diseñador imagina, copia, o repite en su colección Verano 2012”. La genialidad de cada diseñador, no permite hacer un consenso para que la gente no termine confundida con tantas versiones en la misma temporada. El mejor y más sabio consejo, es que cada cual debe usar aquello que gusta, va bien con su edad, su figura y sobre todo se mantiene cómodo y no es motivo de burla de sus vecinos….



martes, 3 de enero de 2012

Reconocer el pecado




Reconocer el pecado

Reconocer el pecado nos permite invocar, aceptar, celebrar la misericordia

Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net




Devocional Agosto 03, 2011.jpgEn algunos lugares es fácil encontrar a católicos que han perdido la idea del pecado. De ahí se deriva la desafección hacia el sacramento de la confesión y, en no pocos lugares, la costumbre de comulgar sin ninguna inquietud acerca de si uno posee o no posee las disposiciones suficientes para participar en la Mesa del Señor. Otros llevan la pérdida del sentido del pecado mucho más lejos: dejan de comulgar, se alejan poco a poco de una Iglesia que “no les sirve”, apagan en su interior todo anhelo de transcendencia al dejarse invadir por las preocupaciones del mundo.



Los sacerdotes estamos llamados a ofrecer caminos que permitan descubrir el sentido del pecado, la gravedad que se esconde en toda ofensa al Dios que es Creador y Padre, la ruptura que se produce en nuestras relaciones con los hermanos. Sólo desde el reconocimiento de la realidad del pecado es posible abrirse al horizonte de la misericordia, al maravilloso proyecto de la Redención.



Podemos partir de una reflexión que vale para la mayor parte de las sociedades contemporáneas: no es fácil reconocer que hemos “pecado”, que hemos ofendido a Dios, al prójimo, a nosotros mismos.



No es fácil especialmente en el mundo moderno, dominado por la ciencia, el racionalismo, las corrientes psicológicas, las “espiritualidades” tipo New Age. Un mundo en el que queda muy poco espacio para Dios, y casi nada para el pecado.



Muchos reducen la idea del pecado a complejos psicológicos o a fallos en la conducta que van contra las normas sociales. Desde niños nos educan a hacer ciertas cosas y a evitar otras. Cuando no actuamos según las indicaciones recibidas, vamos contra una regla, hacemos algo “malo”. Pero eso, técnicamente, no es pecado, sino infracción.



Otros justifican los fallos personales de mil maneras. Unos dicen que no tenemos culpa, porque estamos condicionados por mecanismos psíquicos más o menos inconscientes. Otros dicen que los fallos son simplemente fruto de la ignorancia: no teníamos una idea clara de lo que estábamos haciendo. Otros piensan que el así llamado “pecado” sería sólo algo que provoca en los demás un sentimiento negativo, pero que en sí no habría ningún acto intrínsecamente malo.



A través de la catequesis de adultos, de las diversas actividades pastorales de la parroquia, de la predicación dominical, se hace urgente un esfuerzo por superar este tipo de interpretaciones equivocadas e insuficientes.



Para descubrir lo que es el pecado necesitamos reconocer que nuestra vida está íntimamente relacionada con Dios, que existimos como seres humanos desde un proyecto de amor maravilloso. Es entonces cuando nos damos cuenta de que Dios llama a cada uno de sus hijos a una vida feliz y plena en el servicio a los hermanos, y que nos pide, para ello, que vivamos los mandamientos.



Porque existe Dios, porque tiene un plan sobre nosotros, entonces sí que podemos comprender qué es el pecado, qué enorme tragedia se produce cada vez que optamos por seguir nuestros caprichos: nos apartamos del camino del amor.



Al mismo tiempo, si al mirar a Dios reconocemos que existe el pecado, también podemos descubrir que existe el perdón, la misericordia, especialmente a la luz del misterio de Cristo.



Lo dice de un modo sintético y profundo el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, en el n. 392: “El pecado es «una palabra, un acto o un deseo contrarios a la Ley eterna» (San Agustín). Es una ofensa a Dios, a quien desobedecemos en vez de responder a su amor. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Cristo, en su Pasión, revela plenamente la gravedad del pecado y lo vence con su misericordia”.



Es cierto que nos cuesta reconocer que hemos pecado. Pero hacerlo es propio de corazones honestos y valientes: llamamos a las cosas por su nombre, y reconocemos que nuestra vida está profundamente relacionada con Dios y con su Amor hacia nosotros.



Reconocer, por tanto, el pecado nos permite invocar, aceptar, celebrar la misericordia (según una hermosa fórmula usada por el Papa Pablo VI en su "Meditación ante la muerte"). De lo contrario, nos quedaríamos a medias, como tantas personas que ven sus pecados con angustia, algunos incluso con desesperación, sin poder superar graves estados de zozobra interior.



Es triste haber cometido tantas faltas, haberle fallado a Dios, haber herido al prójimo. Es doloroso reconocer que hemos incumplido buenos propósitos, que hemos cedido a la sensualidad o a la soberbia, que hemos preferido el egoísmo a la justicia, que hemos buscado mil veces la propia satisfacción y no la sana alegría de quienes viven a nuestro lado. Pero la mirada puesta en Cristo, el descubrimiento de la Redención, debería sacarnos de nosotros mismos, debería llevarnos a la confianza: la misericordia es mucho más fuerte que el pecado, el perdón es la palabra decisiva de la historia humana, de mi vida concreta y llena de heridas.



De este manera, podremos afrontar con ojos nuevos la realidad del pecado, de nuestro pecado y del pecado ajeno, con la seguridad de que hay un Padre que busca al hijo fugitivo: así lo explica Jesús en las parábolas de la misericordia (Lc 15), y, en el fondo, en todo su mensaje de Maestro bueno. Descubriremos entonces que si ha sido muy grande el pecado, es mucho más poderosa la misericordia (cf. Rm 5). Estaremos seguros de que el amor lleva a Dios a buscar mil caminos para rescatar al hombre que llora desde lo profundo de su corazón cada una de sus faltas.



Juan Pablo II hizo presentes estas verdades en su encíclica "Dives in misericordia" (publicada en el año 1980). Entre sus muchas reflexiones, el Papa indicaba que “la Iglesia profesa y proclama la conversión. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno a medida del Creador y Padre; el amor, al que «Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del «reencuentro» de este Padre, rico en misericordia” (Dives in misericordia n. 13).



También el Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus caritas est, evidenció la grandeza y profundidad del perdón divino: “El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente, el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor” (Deus caritas est n. 10).



El misterio de la Cruz, de la misericordia, está presente en el sacramento de la Penitencia. Pero, de modo especial, en la Eucaristía. Allí no sólo recordamos, sino que participamos nuevamente en la entrega del Hijo al Padre, en la donación del Amor más grande, que por salvar al esclavo no dudó en entregar al Hijo, como recordamos en el solemne pregón que se canta en la Vigilia Pascual.



Con los ojos puestos en el Crucificado, que también es el Resucitado, podemos descubrir la maldad del pecado y la fuerza de la misericordia. Desde el abrazo profundo de Dios Padre nace en los corazones la fuerza que acerca al sacramento de la confesión, el arrepentimiento profundo que aparta del mal camino, la gratitud que lleva a amar mucho, porque mucho se nos ha perdonado (cf. Lc 7,37-50). Son verdades que los mismos sacerdotes necesitamos vivir en lo más profundo de nuestra alma, son verdades que necesitamos transmitir como una experiencia maravillosa a la que todos están invitados.



www.es.catholic.net