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domingo, 3 de marzo de 2013

EL ZOOLÓGICO ENCANTADO





 
fuente : www.es.123rf.com






EL ZOOLÓGICO ENCANTADO
(EB-setiembre 2011)




Había una vez un zoológico donde todos los animales se divertían jugando en el lago y corriendo por el campo. En este  hábitat natural, cada uno de estos animales era enormemente feliz. Un día, a media mañana, el sol radiante se hizo invisible y los privó de sus rayos coloridos y térmicos. Entonces los animales del zoológico entraron en una profunda tristeza y sintieron que  habían matado su corazón.


A partir de entonces, buscaron una manera de hacer llevadero cada día. El mono se puso a bailar, mientras los loros repetían frases incoherentes. Las cebras se ocultaban en el horizonte dando una sensación muy particular. El cerdo, impostaba la voz y las serpientes se enroscaban siguiendo la ruta de las enredaderas. Las caracolas babeando, aceleraban su tránsito por el camino de una hoja de plátano, mientras las palomas se ejercitaban en producir virtudes mejores.


Así fue pasando el tiempo y  en cada uno de ellos los latidos de su corazón palpitaban con más fuerza. Siguieron contando los días sin sol, y cada cual buscó un juego para entretenerse. Pero había transcurrido mucho tiempo y una mañana despertaron contentos al ver que los primeros rayos del sol asomaban en el horizonte. Quisieron preguntarle la razón de su alejamiento, y el sol les respondió::


-       Me fui porque sentí un arrebato de tristeza, y la claridad que les brindaba se fue apagando con mis problemas. Cada día caliento más mi enorme cuerpo y eso produce un brillo y una escarcha que cae sobre los seres vivientes-


-       Y por qué no nos avisaste con tiempo que te harías invisible- dijo la rana.


-       He perdido muchas horas de juego- añadió el gato


Y el sol siguió:-Amo el verde de los campos, la alegría con la que corren las aguas por los riachuelos y su dócil entrega para el descanso en lagos y lagunas.-


      -He estado oculta en mi caparazón por temor a accidentarme o caer a un precipicio- añadió la tortuga.-


      -Pero el pasado ya no importa.- Dijo el sol,


-En adelante no vivirán encerrados en jaulas, ni serán olvidadas sus cualidades- dijo el sol


      -Ahora quiero que se miren unos a otros y vean que al irme he fortalecido vuestro cuerpo.-


Fue cuando empezaron a distinguir cambios radicales en su piel. El elefante tenía las orejas formado por alas de mariposas multicolores, la cebra mudaba de ropa tres veces al día, los caracoles tenían más destreza para deslizarse como si llevaran ruedas, La vaca, producía leche de hermosos y pálidos colores, los caballos se sentaban con facilidad después de galopar, las tortugas no sólo caminaban más rápido, también daban volantines con facilidad, Los papagayos lucían plumas blancas y pequeñas, mientras los loros hablaban una lengua indescifrable. Así, cada animal había adquirido un entusiasmado cambio de cualidades y eran ajenos a opresión, persecución o castigo por el hombre. Mientras, en una esquina los gatos tejían chalinas gigantes y los delfines corrían navegando por aguas dulces como la miel. Los perros frotaban con su apetitosa lengua una manzana acaramelada, y los peces salían del río para disfrutar de un algodón dulce.


Entonces el sol se elevó en las montañas, y mientras las nubes cantaban una dulce canción de cuna, el cielo se despejó y la luz llegó nuevamente a nuestro planeta. Todo cambió para bien y los animales de la tierra, bellamente enfundados en seda y armiño, festejaron eternamente la alegría de volver a ser veloces unos, íntimos otros, reflexivos, brillantes en su destreza, y respetuosos de lo que a cada cual, le toca vivir.



viernes, 16 de enero de 2009

LA HISTORIA DEL MORADO



LA HISTORIA DEL MORADO
(EB-enero 12 de 2009


Cuenta una leyenda, que en un reino paradisíaco y tranquilo, donde los años pasaban sin envejecer a la gente y el cielo estaba siempre despejado, vivía un dios azul. Su misión consistía en controlar que el cielo siempre estuviera de su color, para que los hombres como sedados, vivieran en paz y armonía entre ellos y la naturaleza. Todo lo que le pertenecía tenía como base su color, por eso el mundo estaba lleno de tonalidades verdes, turquesas, y otros tonos de verde más.

Al otro lado de su reino, vivía un dios rojo que controlaba el sol y su iluminación a nuestro planeta tierra. El sol daba vida a nuestro planeta, y llenando de energía a la gente su carácter cambiante les hacía pelear entre ellos, y discutir por la menor cosita.

Pero la soberbia se apoderó de azul y rojo, y cuando se encontraron hicieron una guerra y sus respectivos reinos se enfrentaban a muerte como enemigos….así la guerra duró muchos años…más años…muchísimos años….y la gente conoció la vejez, la pobreza, la carencia de valores, la ausencia de amor, las catástrofes naturales…..el cielo siempre estaba oscuro y el sol no quería salir cada mañana a iluminarnos.

Arriba de estos dos dioses azul y rojo, existía el Dios Superior, el que todo lo sabe y el que todo lo puede….preocupado por el comportamiento cotidiano de azul y rojo, les pidió que de una vez por todas arreglaran sus diferencias.

Fue así que una mañana mientras en su reino el dios azul hablaba con su gente y lo mismo hacía el dios rojo con la suya en su territorio….llegaron a un hermoso acuerdo para juntar sus colores azul+ rojo y nació el color morado…símbolo de su perdón, de su afecto, de su paz….y colorín colorado… el color desde entonces… es morado.

domingo, 1 de junio de 2008

ERA UN ELEFANTE SOLITARIO...



El elefante estaba allí pasmado, incómodo, observando cada uno de mis movimientos. Me sorprendía su color verde, sus dientes grises y un hermoso lazo rojo colgado de su cuellote. Se veía precioso confundido entre plantas y árboles de colores. Estaba allí, mirándome como otras veces triste, depresivo a punto de fallecer. Pronto las cargadas nubes empezaron a caer. Eran lágrimas gruesas, interminable llanto de gotas grandes y saladas. Mojado, agitado por correr para protegerme de la bonanza acuática, me fijé en los árboles cuyas hojas lavadas por la lluvia parecían salir radiantes de un refrescante baño de feriado caribeño.
Eran tonos diferentes hacia los azules verdosos y para el otro lado, los amarillo ocres. Qué bella armonía de tonalidades. Qué hermoso compartir con los niños tan espléndida visión. Se repetiría otra vez la danza circense y alegre que me proporcionaba un fastuoso marco de satisfacción personal. Podía irme y dejarlo allí, pobre elefante solitario, aislado y simpático, pero enjaulado. Pensé que no sería justo y me atreví, le hablé. Sorpresa inmediata la mía cuando escuché que hablaba también el mismo idioma que yo. El elefante hablaba y describía con detalle las peripecias de su vida en un circo. Maltratado, agredido, obligado a dar hasta lo último de su energía en cada función, soportó años este sufrimiento por la alegría que su presencia dibujaba en el rostro de los niños. Había renunciado a una agradable compañía, a tener sus propios hijos, a ser exhibido para ser molestado, todo dejado atrás por contentar a los niños. Traté de sentirme por un momento él y estar dentro de sus pensamientos para entender sus sinsabores. Hablamos por primera vez, como si el tiempo detenido en un mundo sin nombre, albergara las fantasías más elocuentes de su lenguaje añorando lo que fue. Me contó cómo en su familia los colmillos que distinguimos en su cabeza, son en realidad incisivos que siguen creciendo a través de los años. Son su defensa, para enfrentar al permanente enemigo que es el hombre-cazador. En la entrada de su boca no tiene otros dientes, pero dentro de ella posee unas muelas fuertes que trituran los alimentos. Sus orejas también son enormes y parecen abanicos. Y su trompa lo es más, gracias a ella puede beber agua, coger sus alimentos del suelo o de los árboles. Me dijo también que cuando pisan no dejan crecer las plantas, pues sus pies son grandes almohadillas encerradas en grueso pliego de piel de los que sobresalen unas uñas anchas y lisas. Durante siglos, su vida ha tenido giros no contados a otros animales.(Entre sollozos... su cuerpo se deslizó pesadamente sobre el suelo y lágrimas aparecieron en sus ojos pequeños, tristes, alterados mientras los recuerdos afloraban.)
- Vivíamos en manadas de veinte a cincuenta elefantes, hasta que fuimos en la India empleados para llevar en las procesiones a los príncipes engalanados con telas y piedras preciosas. Siempre fuimos obedientes y dóciles hasta que nos convirtieron en bestias de carga. Aún recordamos el maltrato que recibimos de muchos malos hombres, y muy caro lo pagaron entonces.-
Me dijo y añadió:
- Fuimos dóciles para los romanos y cartagineses, pero nos usaron para servicios en guerra. Muchos entregamos injustamente nuestra vida, y no se nos reconoció como “héroes”, aún cuando pasamos muchas horas calurosas de días mientras el sol cegaba nuestros ojos y de noches donde la arena del desierto rudamente castigaban nuestro cuerpo y llenaba molestosamente nuestros oídos.-
Para entonces su pesado cuerpo permanecía estático, la mirada extraordinariamente contentada en el vacío, como si recordar fuese un esfuerzo no habitual, pero por alguna razón me lo contaba y continuó:
- Alguna vez disfrutamos en un charco hundiendo nuestras patas y jugando con nuestras crías, buscando la forma de llevarnos bien con los hombres, pero a muchos les llegó el sacrificio con el cansancio y el peso de los años. No faltaron los tigres, nuestro peor enemigo, que atacaron a los más jóvenes de la manada.-
Su queja fue convirtiéndose en somática. Sus movimientos, mientras me hablaba, añadían visuales gesticulaciones de dolor de cabeza, de espalda, dolores abdominales que como un anciano humano presentaba con riesgo de su propia salud.
Fui entendiendo que el encierro, la mala alimentación, el excesivo trabajo y la poca estima lo estaban convirtiendo en un frecuente y temeroso enfermo sumado a la súbita soledad de contarnos sus vivencias y sus recuerdos. Continuó:
- Cuando fuimos pacíficos, el hombre fue cruel, cuando fuimos dóciles los tigres nos atacaron.-
Decía el elefante con voz enmascarada:
- ¿Me pregunto si existe otro animal que haya servido y sirva aún para tantas cosas útiles y se le maltrate durante siglos injustos y cruelmente?-
Dijo mientras y suponiendo que debería animar su relato, yo extasiado, pensativo, buscando en mi mente el recuerdo histórico de cada animal le dije:
- Cada cual tiene las virtudes que la naturaleza le ha obsequiado. La serpiente se mimetiza gracias a su piel en el medio donde vive-
Y levantando la trompa sorprendido me miró fijamente como queriendo extraer más datos, y continué:
- Las aves emprenden viaje cuando les apetece y se trasladan a los lugares más remotos; el caballo puede recorrer llanuras y montañas y mantener la figura de su estirpe; el mono y su clan tienen el privilegio de acercarse intelectualmente al hombre; las ballenas son mamíferos gigantes que poseen su trono en el reino del océano; el perro es considerado fiel amigo del hombre y vive en su casa disfrutando de iguales comodidades y mucho afecto; el gato se pasea sigilosamente por las habitaciones y salta de un sofá a la mesa en permanente juego... (y el relato continuó con más y más animales.)
- ¿ será... (preguntó de nuevo el elefante) que por nuestro volumen, y el no poder permanecer en vuestra casa, se nos debe guardar en jaulas, con barrotes, aislado de nuestra familia?-
Y fui entendiendo poco a poco de sus preguntas y su razonamiento, que había en él una desazón originada por su vida pasada y su vida actual.
- Pobre elefante- dije- qué hacer para mantener su ánimo, refrescar su cuerpo, elogiar sus cualidades, apaciguar sus iras, contentar sus sueños.-
Fue cuando pude recordar la escuela pobre de un pueblo cercano llamado Antioquia en la zona andina de la Cuenca Media del Rìo Lurìn. Esos pueblos bellos donde se funden en sabia belleza un rìo, el valle y las casas blancas llenas de colores que la fantasìa de un artista pintor las ha cubierto. Pueblos andinos, casi olvidados donde llegan los políticos para prometer todo en su campaña con el fin de ser elegidos y de los que luego jamás se acuerdan. Entonces, pude comprender que la felicidad es un bien tan remoto para los hombres racionales y pensantes, y más lejano aún para los animales como el elefante, ( que padece por la ausencia de valores en una sociedad que castiga todo, hasta al propio hombre.)
Era una mañana colorida, un sol radiante abrazaba con sus rayos las sombras perdidas de los niños pobres de esta escuela, como ellos, también pobre. Pensé entonces y entré a la escuela: saludé al profesor y le pedí que me ayudara a realizar una noble misión que me había motivado este triste elefante, que los niños me acompañaran hasta el lugar donde se encontraba...Caminábamos por una senda estrecha durante horas, por un camino serpenteante que parecía llegar al infinito, allí donde los arco iris danzan alrededor de los colores mientras tiñen sus cuerpos bidimensionales de los que más les gusta.
Los niños recogieron flores, sacaron sus instrumentos y continuaron tras de mí por el camino. Con el trinar de las aves, personas adultas se acercaban a preguntar hacia dónde nos dirigíamos y se sumaban al grupo con melodías y màs flores.
A mediodía y después de las doce al fin llegamos. Enorme fue la alegría que envolvía con un velo de entusiasmo al elefante, quería bailar porque su vida era eso junto a los niños, una danza permanente, florida, rítmica.
Sonaban las trompetas, tambores, guitarra y cajones, mientras los pétalos de flores adornaban el gran espacio que ocupaba nuestro amigo. Una ronda fue cerrando su espacio, y tomados de la mano entonaron una hermosa canción:



“Aquí, hermano elefantito
alegres caminantes
venimos de nuestro pueblito
con música y gestos galantes.

Para el frío del invierno
te regalamos un ponchito
bailemos el ritmo eterno
esta tarde solo un ratito.
Aquí, hermano elefantito... ”
Continuó el coro y la comunidad toda aplaudía y cerca de allí, mulas y caballos, yeguas y carneros, llamas y vicuñas, gallinas y polluelos bailaron y bailaron hasta muy entrada la noche... y bailaron y bailaron y rieron hasta que el elefante aprendió a ser feliz.

Terminamos la misión ya entrada la tarde, cuando el frío comenzó a calar nuestros huesos y el abrigo era obligado. La noche llegó al pueblo, barrio chiquito de escasas manzanas, una iglesia, una escuela, un municipio, cincuenta casas y una bonita y colorida plaza. Después vino el sueño y las puertas se cerraron....el silencio paseò por la fría noche, mientras las aves descansaban en los rincones màs inverosímiles y en acurrucos maternales ejemplares.
A la mañana siguiente y todas las mañanas que siguieron, vi un niño jugando con el elefante, dándole comida, riendo con él, mientras sus tiernas manos se deslizaban sobre su piel dura y gruesa.
Pasaron los días, las semanas, los meses y... dos años, y cuando después de este tiempo regresé a visitarlo, lo encontré sumamente feliz, había formado su familia, tenía un hijo, un pequeño elefante, jugaba con él y muchos niños jugaban con los tres.
Ya no eran sólo los niños de esa escuela que un día llevé, eran muchos niños, de todas las edades y de todos los pueblos cercanos que habían tomado al elefante como parte de su familia.
Es que los niños entienden muchas cosas que nosotros los adultos no entendemos y brindan con sus juegos, su ternura, sus voces afectuosas y su inocencia natural la maravillosa sabiduría gracias a la cual los animales y los hombres debemos vivir en la tierra ayudándonos, respetàndonos, soñando que la alegría es una estación permanente, una sonrisa estable, una juventud estacionaria en la armonìa del curso de nuestras vidas...

MI AMIGO NEGRO



“...Su pelo era negro,duro y brilloso aún cuando algunas canas asomaban tímidas. Su hocico largo y puntiagudo. Sus patas grandes, gruesas y pesadas. Vivaz, inteligente, amable. No sabíamos si era un héroe anónimo que venìa de salvar a algún mortal, pero estàbamos seguros que habìa hecho felices a muchos. Lo bauticé como “Negro” y al observar su figura me di cuenta que su padre fue un labrador y la madre una plebeya. Era lo que algunos mal llaman “chusco”, aunque es mejor reconocerlos como “mestizos”, resultado de los cruzamientos entre progenitores que no son de la misma raza o cuando uno de los padres es de estirpe canina y el otro no. Tenìa la cátedra del barrio, la viveza de la experiencia, el caminar del conquistador, la figura de un galàn. Había vivido en las inmediaciones del mercado, entre la basura, el desprecio, las ocasionales comidas y las permanentes batallas perrunas en defensa de su territorio. Estaba sucio. Nadie sabía de dónde había salido. Era popular y por su andar coqueto, la gente del mercado lo engreían con ocasionales comestibles.
-¡Negro! ,¡ Negro!...¡Negro!-
lo llamaban como si lo conocieran de toda la vida y èl caminaba cimbreando su cintura y jugando con su larga, dura y torcida cola como si fuese una mano, un apèndice inteligente. Desde que llegó a casa comía cuatro veces al día, desesperadamente, apetitosamente, golosamente. Dio a conocer los muchos días que el alimento no formaba parte de su vida...ni de su estómago. Hasta que inició una sorprendente manera de cuidar su figura: comer una sola vez en horas de la noche. Mientras, los de casa mostrábamos poco entusiasmo para encariñarnos con él. Su comportamiento indicaba que venía de una familia educada, de costumbres perdidas en el Manual de Carreño. Tenìa el pensamiento y el razonamiento de un ser humano. A diferencia de los perros de pedigrì, “Negro” valoraba cada instante de su vida siendo ùtil, no buscando atenciones burguesas, sino afectos terrenales. Por ejemplo, sorprendió cómo se mantuvo durante días en el pasadizo de la puerta de ingreso dentro de la casa, sin invadir otras habitaciones. En la noche, cuando su dieta le pedía una cena entre las ocho y las nueve, ingresaba al patio donde se servía su alimento y después de comerlo, tomaba agua. Inmediatamente abandonaba el lugar y se preparaba para dormir fuera, en la puerta de casa, como si sintiera que su comida era el pago por cuidar la vivienda. Había que grabar sus ladridos, volumen de tenor de òpera y su hombrìa de bajo durante la madrugada, cuando a su entender policial, algún peligro acechaba. Jamás hacía sus necesidades dentro de casa, tampoco vomitaba o ensuciaba alfombras, muebles o pisos. Ese inusual comportamiento creó una preocupación en la familia. Pensábamos que en algún momento llegarían sus dueños a llevàrselo. Tanta maravilla reunida en un perro, no podría dejarse tan así deprisa...pero...cuando pasaron los días y el verdadero amo no llegò...fue cuando decidimos llevarlo al veterinario. Un periplo de tratamientos de belleza lo movieron de un espacio a otro dentro de la clínica: baño, pelo, vacunas, uñas, oídos, limpieza total....aparatoso spa canino para embellecer a los perros. A partir de ese día “Negro” empezó a formar parte de la familia. Había ganado un espacio importante, pero lo grave es que había también ganado un afecto en lo más profundo de nuestro corazón...”

LA VISIÓN DE SOFIA



Esa mañana Sofía vio en el camino a su escuela una fogata y alrededor de ella un grupo de extraños personajes, cuya vestimenta su padre describió de época de los hippies. Recordó entonces que las carpas junto a la fogata estaban decoradas profusamente con flores y guirnaldas naturales, pero también con dibujos que graficaban la paz, el amor, la armonía y la belleza.....conceptos que ahora la gente desconocía.
Era Sofía una niña de trece años, piel bronceada por el sol caluroso de su natal Piura. Ojos negros, vivarachos y coquetos que trasmitían una poco usual ternura.......cuerpo crecido con las caminatas cotidianas en el malecón del puerto de Paita. En ese camino lleno de casonas señoriales, bajo el cimbreado cuerpo de las palmeras y el golpear de las olas a la playa siempre veraniega. Allí había trascurrido gran parte de sus años al lado del mar, en las embarcaciones coloridas de los pescadores lugareños y el laberíntico situar de sus calles de la otra Paita. La de la gente humilde, alegre y necesitada.
Allí se había interrogado muchas veces acerca de los conceptos que acababa de ver entre los hippies.
Su cabecita trataba de entender y se preguntó :
- ¿qué pasó y qué hizo cambiar esos ideales de la noche a la mañana entre la gente? -
No encontraba una explicación a lo que vivía en el hogar de sus padres, con los amigos de la escuela y con las familias del lugar. Se puso triste y lloró desconsoladamente.
Se hizo silencio, mientras inquieta se enfrentó a una confusa filosofía de palabras lejanas y cercanas a la vez. Su planteamiento era el pago a un tributo duro, a la razón de vivir en una época donde los conceptos, los valores se han trastocado….....
Pasaron los días y retomó el tema. Se preguntó en casa, y camino a la escuela muchas veces y trató de responderse a si misma.
Desorientada, alterada, se enfrentaba a preguntas sin respuesta. Una total confusión
la alejó de la realidad y cuando más confusa se encontraba…..una luz brillante y fuerte apareció en el cielo. Tras los colores del arco iris, un personaje alado y de rostro muy dulce le habló:
-“Soy tu ángel protector,- le dijo y prosiguió-
“…tu ángel de la guarda…....el que cada instante de tu vida permanece a tu lado cuidándote, guiándote, no permitiendo que equivoques tu camino....”- mientras Sofía absorta aún, contemplaba el rostro del ángel que entre las nubes parecía cambiar de color como la luna que esa noche iluminaba el cielo en la playa paiteña.
-Sofía preocupada y sorprendida, preguntó :
– “ ¿por qué acudes a mi sin haberte llamado?” –
a lo que el ángel respondió:
- “...porque soy como tu sombra. Siendo tú una niña buena, estoy a tu lado sin que te des cuenta. Hoy he tomado un cuerpo real para que me veas y escuches como ser humano...como tú y como todos los niños quisieran verme y oírme...”
mientras Sofía iba recuperando el aliento que hace buen rato había perdido por tamaña visión, el ángel volvió a hablarle…..
-“ ¿Tu duda es sobre los valores ?” -
dijo el ángel y enseguida añadió
–“los valores están en la persona heredados por la tradición. Inculcados por la familia dentro de toda sociedad” – le respondió….
Y Sofía preguntó tímidamente y sorprendida: -
- ¿ y qué es la tradición ? -
- A lo que el ángel volvió a responder:
- “...es una especie de memoria colectiva y hereditaria, gracias a la cual podemos trasmitirnos unos a otros de generación a generación: costumbres, ideas, valores, folkclor, mitos, leyendas...” -
- “ Entiendo. ..”- dijo Sofía; mientras un silencio saturó el ambiente :
- ¿ qué tiene que ver los valores con la tradición ?
- y el ángel continuó:
–“ los valores es todo aquello por lo que una persona es digna de estima entre los demás hombres. Los valores se aprenden en el trato cotidiano, en el ejemplo por imitar, en las buenas acciones que nos hacen diferente a los demás, en la necesidad de servir, de encontrar que el respeto a otros es reconocido con el aprecio…” -y añadió
“Son los valores los que dignifican al hombre …lo hacen más racional, pensante e inteligente ante los demás seres vivientes de nuestro universo…” -
- La niña en su asombro y contenta con las respuestas del ángel, siguió preguntando:
- ¿ qué es lo que hace que las personas tengan comportamiento diferente y su moral varíe ? -
- Y el ángel dijo :
- “….el comportamiento es el resultado de la educación recibida en casa y reafirmado en la escuela. Los principios morales son la base del respeto. Los seres humanos debemos cultivarlos porque nos convierten en respetuosos de los demás, pero más importante aún…….nos hace ser respetuosos de nosotros mismos como personas ” -
Ya más calmada y entendiendo la explicación del ángel, Sofía creyó haber sido informada del mayor de los secretos que los hombres hemos olvidado :
El respeto por los demás. Y cómo el cinismo, la soberbia, y la astucia son armas reales para sacar provecho al menor descuido del prójimo.
En ese instante el campo se llenó de flores y las aves distrajeron a Sofía, mientras la visión se esfumaba…entendió entonces que desde niños el aprender a estimarnos, respetar a los demás y estimular el crecimiento en valores, es tan importante como alimentar su cuerpo con manjares.
A la mañana siguiente Sofía miró los arenales de su natal Paita, y su mirada alcanzó territorios lejanos, nunca antes vistos, novedad para ella…percatándose que algo había cambiado en el lugar donde el Ángel y su aparición la informó sobre conocimientos perdidos entre la gente. Se prometió a si misma entonces, buscar su identidad en el buen consejo, en la conversación alturada, en los principios básicos de la persona, estableciendo en la sociedad un sello característico de respeto por los demás a través de los valores. Sofía decidió inculcar en otros niños esos hermosos principios. Enseñándolos a través de su ejemplo, que los consejos sabios del ángel deberían cambiar el actuar de las personas por siempre, para que en el futuro la sociedad aprenda a cuidar y a estimular el mejor comportamiento entre los hombres un mundo diferente para todos.