HABLANDO DE COLORES

HABLANDO DE COLORES
“Hablando de colores” El artista a exponer es Enrique Bustamante, autor entre otras cosas del pintado del pueblo de Antioquía en el Valle de Lurín, considerado por el Guiness Record como “el retablo más grande del Mundo” Bustamante presentará 10 de sus obras, pintadas al acrílico sobre tela natural y con medidas de O.50 x 0.50 cm cada una. Su estilo pictórico está calificado como “naif contemporáneo” de acuerdo a los especialistas. Es decir, una pintura ingenua, infantil y de improvisado resultado. la exposición de pinturas que se inaugurará el viernes 12 de octubre en la Biblioteca Municipal del distrito de Los Olivos, a las 6 de la tarde. Jr. Cesar Vallejo 1670 Urb. San Juan de Dios

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domingo, 31 de diciembre de 2017

LA CASA













LA CASA





He vuelto a ti

para disfrutar el lugar donde te levantas

cubierta de la comodidad de tus arreglos,

tomando de  manera honesta

cada rincón de tu blanco ropaje….




He vuelto a ti

para recordar afectos y seguir recibiéndolos

para abrazar al hermano,

sonreír y reír constantemente

beneficiándonos con la noticia…




He vuelto a ti

para aprender la canción del nunca olvido

para iluminarme en las tinieblas,

cuidando mis espaldas

que en silencio ya envejecen…




He vuelto a ti delicada en tus sombras

entre relámpagos y soles ardientes

en lluvias arrebatadas y crecientes,

he vuelto a ti para encontrar la estrella

en mi firmamento perdida.





domingo, 24 de diciembre de 2017

RETRATO DE FAMILIA











RETRATO DE FAMILIA







Mis sobrinos-nietos son un retrato que estremece mi todo, cuando los veo. Están escribiendo su propia historia, al escribir la mía. Su vida es verdor, la mía es un juego de todos los días con la vida….y con la muerte. La vida es murmurar en silencio mientras elevamos oraciones a Dios y vamos superando el diario vivir, Se vive tantos años como un legado que recibimos genéticamente de nuestros ancestros. Los míos siempre pasaron los 80 años, espero vivir esa cifra para ser  útil por mí mismo, caminar erguido y levantarme cada aurora.

 

CALEB, es de mis sobrinos-nietos ,quien  con una mirada y sonrisa permanente, parece trasmitirme un mensaje que estoy tratando de descifrar hace un buen tiempo. Luego le sigue GAETANO para quien la vida es un juego de siempre aprender y saber mantener el silencio cuando es necesario. Es muy sociable, le gusta hablar y contar sus vivencias a todo cristiano que cruza una palabra o un afecto con él. Esta FLORENCIA LUNA que estudia en el colegio francés donde soy el profesor de arte. Se ha ido acostumbrando poco a poco a la rutina escolar y para ella cada mañana es el comienzo de un día mejor. Cuando me ve, corre como una gaviota a abrazarme y mimarme con la sombra de su sonrisa tan angelical como melancólica. También tengo a una niña llamada ASTRID, le gusta la ropa bonita y siempre tiene un motivo para revolucionar nuestro ánimo. Está el coqueto ADRIANO, que abrevia nombres de las personas cercanas para hacer más fácil la lectura. Hoy estuve con él y me regaló muchos besos y sus relucientes ojos para fascinarme con sus rulos. Luego sigue ALESSANDRA, que es la mayor de todos (7), metódica, coqueta y sabelotodo.  GIORDANA, tiene 4 añitos, pero actúa como si tuviera más. Es la que roba el corazón de Pedro e Isabel sus padres. Está SEBASTIÁN, hermano de las dos últimas, que hace de las suyas cuando su padre se ausenta por razones de su trabajo. Finalmente, el más pequeño de todos (2 meses), madrileño porque nació precisamente en Madrid, cuyo nombre MARCO ADRIANO, me recuerda algún emperador romano no anotado en la historia. 



 Estos son los que siendo hijos de mis sobrinos carnales, puedo disfrutarlos. Me apena no poder lograr lo mismo con los hijos de mis otros sobrinos.  



Verlos es estar en el más hermoso jardín de toda mi existencia. Es encender la luz de mi alma, para entender que la vida nos va quitando cosas y nos va regalando otras. La verdad, que a mi muy pocas cosas me ha quitado. Siempre el cielo me da m{as de lo que necesito. He ganado el claxon del saludo, la reverencia de las canas, los puentes que hace la gente para llegar a mí y contentarme con sus sonrisas y sus abrazos. 



El tiempo me va obsequiando la noche con miles de estrellas titilantes que ingresan a mi taller para seguir creando, los colores que invaden mis ventanas para colgarlos en mis lienzos, la ausencia de las fatigas cotidianas que nos cansan a los viejos, y una bandera rojiblanca para agradecerle al cielo el ser peruano. Así en una esquina de mi vida, puedo reunirme imaginariamente con mis sobrinos-nietos y decirle que cuando cada uno de ellos fue naciendo, fui renaciendo benévolamente a la vida, fui como aprendiendo a habitar en otro cuerpo con otra alma, fui caminando dejando de ser yo, para continuar siendo yo mismo.



Hay una extraña ausencia de lo eterno en la vida de tantas personas, hay una fe que se convierte en garfios en la conciencia de tanta gente, que mis sobrinos-nietos han logrado paulatinamente y sin saberlo lo posible, lo profundo de lo que llamamos esperanza. La esperanza para seguir evolucionando, para resucitar en el nacimiento de cada uno de ellos, para no naufragar en el mar de las envidias y los deseos malos, para acostarse sin sentirse derrotado, para sonreír, siempre sonreír con mayúscula y humildemente, por la descendencia familiar que el cielo me tiene prometido. Amén.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

MI ADOLESCENCIA









MI ADOLESCENCIA








La grandeza de mi corazón, como una sábana, cubría las virtudes que entonces me acompañaban. Era un coro de ambrosía y un aroma de medianoche lo que irónicamente me llevaba a paso lento a concretar mi vocación religiosa. Me había formado con sacerdotes de la Compañía de Jesús (Jesuitas), quienes dirigían mi parroquia con éxito inesperado.



La constancia para el ritual, mi interés por el latín, la musicalidad de mi voz de niño y la disciplina, embriagaban mi mente adolescente. Me gustaba y aún me gusta, el universo de ceremonias, homilías, expresiones públicas de fe. Sin dejar de lado la humildad en el primer plano de nuestras manifestaciones. Así el tiempo fue sembrando en mi apaciblemente, respeto por lo espiritual.



Entonces, la belleza no me era ajena a mi admiración. Me gustaba disfrutar de los colores de las casullas, las flores en el altar, las imágenes religiosas, y como un espejo reflejaba en mi mente lo contemplado. Apoyado en un reclinatorio oraba pidiendo a Dios por mi espíritu invitado a cosas mayores. Sentía que estaba ayudándome de una armadura celestial para emprender la realización de mis sueños. Me emocionaba la música, la belleza, el espíritu mismo en sus decisiones filosóficas para desenrollar los enigmas de la vida.



Amaba ser como era, contemplando, orando, pensando y acercándome a la realización de mi vocación temprana. Entonces hice un viaje a Arequipa y me interné como seminarista en el Seráfico de los Padres Franciscanos del distrito de Tiabaya. Allí llegué a entender que para servir a Dios, hay que renunciar totalmente a las cosas de este mundo, sobre todo a lo material que es lo que más nos atrae y permanentemente, nos tienta.



Allí conocí la humildad con que un sacerdote debe entregarse a sus fieles creyentes. La seriedad con que debe asumir su castidad, el alejamiento de lo libertino, la iluminación de las almas ajenas, pero especialmente de la suya. Allí conocí la pureza en su manifestación más celestial, y la manera de agradar a Dios renunciando a muchas cosas terrenas. 



Pero la historia se interrumpió y acosado por mi salud, volví a Lima, a casa de mis padres, al lado de mis hermanos y a continuar la vida. No me fue difícil adaptarme a los jóvenes  de la época, como yo. No aprendí a ser un dechado de virtudes cristianas, pero tomé el camino que como una bóveda nocturna me enseñó que las medianoches no deben ocultar nuestras virtudes. Que el  ejemplo bueno o malo lo tomamos de nuestra familia, nuestro hogar. Por suerte en mi hogar las virtudes cristianas se practicaron siempre, y las sombras nunca oscurecieron insanamente.



Hoy, en la tarde de mi vida, he querido recordar esta etapa adolescente y decirles que me enternece saber que no tomé caminos equivocados, y sigo navegando en aguas de un mar tranquilo, placentero y transparente……



domingo, 3 de diciembre de 2017

PREGUNTAS A MI PADRE








PREGUNTAS A MI PADRE





Papá, quiero saber ¿cuántas veces me abracé de ti, cuando era niño?



¿Cuántos momentos me dedicaste, para enseñarme qué es la vida?



Si lloré, ¿qué hiciste tú para controlar mi llanto y olvidar mis lágrimas?



Quiero saber papá, ¿cuando jugaba si cantaba el ruiseñor, si comía y era glotón, si miraba al cielo para encontrar siempre el sol?



Si jugué a las escondidas, ¿por qué siempre a las siete de la noche todo terminó?



Si de niño me metía en un rincón, ¿si me asustaba, si gritaba y era chillón?  



Quiero saber ¿cuántas madrugadas te privaste de tu descanso para vigilar mi sueño?



Y ¡cómo hiciste para comprar todo lo que necesité y necesitaron mis seis hermanos?



¿Cómo hiciste para enseñarnos a leer para disfrutar  tu amor por la literatura?



¿Cómo pudiste sonreír y reír papá, cada día?



Y cuando se nos hizo nudos en la garganta ¿cómo nos enseñaste a ser decentes y unidos?



Porque hemos renacido junto a ti y a nuestra madre, porque de semilla nos convertiste en árbol, porque nos libraste del naufragio, y nos convertiste en tus elegidos para siempre.



Porque no conociste la indiferencia, ni la injusticia, sólo la esperanza que es la mejor enseñanza de tu vida.



Porque a pesar de todo, nos enseñaste a no perder nuestro sueño, y a ser incansables en la lucha por llegar a la meta, y  que en nuestro campo hay algo más que flores. Ahora que no estás, amado padre… miro al cielo y busco las palabras para agradecerte, por enseñarme a  encontrar la libertad de pensamiento, siguiendo tus pasos, no importa si oscurece esta mañana, o si el sol se ha convertido en terrible cactus…..….